Crónicas Literarias

Reseña: La Estación de las Luces, de Toni Ramos


Estamos ante una novela humana y de fantasmas. Siempre he pensado que creemos en algo después de la muerte porque lo sentimos. La ciencia descubrió que nuestros ojos ven cosas que nuestra mente consciente no puede registrar. Es por eso que a veces nuestro cabello se eriza cuando nos sentimos incómodos sin saber el motivo. Vais a experimentar muchos de esos momentos durante la lectura de esta insólita historia…

Comienza con un estupendo Prólogo de Javier Pérez Campos y la bellísima y escalofriante ilustración de cubierta por parte de Fidel Martínez Nadal. La historia está repartida en cuatro partes y cada capítulo va con una inquietante ilustración en blanco y negro. Contada en dos tiempos: Ahora, en primera persona por nuestro protagonista principal Mateo y 1966, por un narrador que nos amplía lo que habíamos leído anteriormente. También están los trozos del Día del Padre, pero eso os lo dejo para vosotros. En las primeras páginas seremos conscientes de la extraña decisión que toma Mateo, eso nos va a poner en tensión durante lo que quede de novela. Sabremos que su mujer y su hija pequeña Lucia murieron en un accidente. El debió continuar su vida trabajando en la ampliación del metro de Madrid en ese maldito año de 1966, donde la estación de Chamberí, precisamente la favorita de su hija, va a ser clausurada. En sí, parece una tragedia más de un hombre que debe seguir trabajando con el recuerdo de lo que perdió. Pero de repente esa estación que fue abandonada aparece cubierta de arena de playa y a veces, en el arco ciego del andén, hay varios objetos que recuerdan a una playa. Mateo está convencido que su hija intenta ponerse en contacto con él. ¿Pero con qué propósito? ¿Por qué una niña muerta que se encuentra en una playa necesita alertar?

Es el enigma tan maravilloso al que nos invita Toni Ramos. Chamberí había vivido su propia leyenda de aparecidos, dice nuestro narrador. En los años 50, se cometió un crimen al ser sorprendidos en un romance prohibido donde participaba una niña, a la que mataron arrojándola a la vía del tren. Ella aparecerá de nuevo aquí. Escrita siempre con un fondo de misterio repleta de detalles del pasado y presente, de la vida de trabajadores del metro y de otros del entorno de Mateo; Toni Ramos sí quiere contarnos una historia del otro lado del velo. Aunque sabe que también hay que tener los pies en el suelo para que todos sintamos lo creíble, por ello, rodea al protagonista de otras vidas que de una forma u otra se acaban internando en el enigma.

Junto con Mateo, visitaremos muchas veces la estación de tren abandonada, experimentando las sensaciones vívidamente en cada textura, olor y escalofrío. Lo sentiremos en cada página que pasemos. El autor nos dejará indefensos en esta locura, como pasajeros de la experiencia del protagonista. Pesadillas que igual no lo son tanto, advertencias, gritos, corre papá, tendremos el corazón en un puño. Túneles secretos, luces que estallan solas, oscuridad antinatural, vagones fantasmas, explosiones reales, gente buscando refugio y una pared que conecta con el otro lado… Hay momentos en que la prosa se vuelve muy hermosa, sobre todo cuando describe ese Madrid despertándose o los encuentros en el Retiro.

Entre ficción y leyendas se acercará hacia ese esperado final dejándote un sentimiento de ilusión quitándole parte del miedo que todos tenemos a la muerte.

Maravilloso.

¿Por qué?

Nacida del amor a la lectura constante, en Crónicas Literarias – Desde New York, trataremos de dar a conocer al público libros y cómics interesantes que pasan por nuestras manos.