Crónicas Literarias

Reseña: NuncaNoche, de Jay Kristoff


El libro que voy a reseñar es el primero de la trilogía Crónicas de Nuncanoche, de Jay Kristoff. La fantástica portada va a cargo de Jason Chan. Ésta es la historia de Mia Corvere, la hija de un hombre que fue ejecutado por traición después de intentar una revolución fallida. Sin familia, termina bajo la tutela de un maestro, aunque de su enigmático don para conversar con las sombras saldrá un extraño compañero. Mia, de dieciséis años, busca vengar a su padre, allí en una tierra que apenas conoce la noche porque ninguno de sus tres soles llega jamás a ponerse. Nuestra protagonista se unirá a la banda más criminal de la República. En la Iglesia Roja, donde se adora a la Diosa del asesinato, tendrá que demostrar lo que vale, aprender a usar la espada y los venenos más eficaces. Ser la mejor entre todos los asesinos de ese lugar. Sobrevivir a su iniciación. Convertirse en la mayor asesina.

Narrada en tercera persona, siempre desde el punto de vista de la protagonista, en los primeros capítulos se combina pasado con presente y de ese modo iremos conociendo su vida, mientras seguimos la historia. Ambos estados se diferencian en un cambio de letra. Cada principio de capítulo se encuentra bellamente ilustrado. Amistad, amor, pero sobre todo venganza, sería un resumen rápido de la historia. Pero lo mejor viene ahora… Ante nuestro asombro, veremos una recreación de Venecia y la Roma antigua, donde la religión tiene mucha importancia. Tal vez algunos lleguéis a imaginarnos esa escuela como la de Hogwarts, al basarse en un mundo medieval, pero aquí no se hace magia, se entrenan a asesinos. Nuestra protagonista es cautivadora y agradable, pero el poder de la historia reside en esa Iglesia. Uno de los lugares más vívidos y dinámicos sobre los que he leído. Si bien las escuelas no son inusuales en la Fantasía, el nivel de oscuridad aquí sí lo es. Un escenario extraordinario descrito con una realidad increíble, repleto de misterios rozando cuchillos afilados. Y asesinatos, asesinos, torturas, traición, sombras que en realidad son otra cosa, una antigua guerra entre la Diosa de la Noche y el Dios de la Luz y momentos de sexo que ponen los pelos como escarpias. Bastante violencia y sangre. Giros bestiales. No estamos ante una novela juvenil, aunque lo parezca por la edad de los personajes. Es una novela de fantasía para adultos. No obstante, se explora aquí también muchas cosas que harán sonreír al lector. Hay lealtad, amistad protagonizada por personajes secundarios memorables; si habéis llegado hasta aquí leyendo la reseña, os imagino asombrados, sabed cómo fue narrada.

Jay Kristoff ha escrito uno de los mejores principios de historias que he leído en años. Construyó una mitología, de bordes perfectamente delineados urdiendo una semántica que logra exponer los acontecimientos con veraz e increíble pericia narrativa. Dejará vuestros cuerpos temblando ante esas escenas de peleas y batallas. Adoro a esos autores que no olvidan ni un pequeño detalle. Continúa con una prosa casi lírica, un léxico brutalmente inteligente acompañado de metáforas. Le seguirán notas a pie de página, no las paséis por alto, son extrañas y llevan hacia otras historias de fondo. Varias tramas secundarias contribuyen a traer más acción y darle mayor intriga a un conjunto que desborda en una confabulación en la que nuestro autor no se corta en descripciones duras y grotescas. No pasa nada si te alteran: cierra un momento el libro toma aire y regresa a esta fantástica lectura.

Sólo puedo deciros que ahora soy una fanática voraz, cazaré y consumiré las palabras de esta saga. Desde Mia (a quien venero), hasta la Iglesia Roja. Necesito ya el segundo volumen, sí todo esto se escribió sólo en uno, no llego a imaginarme lo que hay en los siguientes. Y, ¿cómo puedo expresar lo maravilloso que es este libro?

Mis propias palabras son insuficientes.

Inolvidable.

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¿Por qué?

Nacida del amor a la lectura constante, en Crónicas Literarias – Desde New York, trataremos de dar a conocer al público libros y cómics interesantes que pasan por nuestras manos.