Reseña: El Festín de Baco
Una novela de 1907 que he devorado como pocas y quizás es porque tiene todo lo que me gusta de la literatura de terror, gran ambientación, gran entorno creado, ambiciosa se mire por donde se mire. Conocía a Ernest G. Henham desde su genial Tenebrae. Con ella el escritor londinense me tuvo mucho tiempo encandilado y desde entonces andaba loco por leer algo más de su obra. Un autor capaz de crear relatos geniales de tintes góticos, que abordan el fratricidio, la locura a lo que suma sus monstruosas arañas de varios metros de largo… Y aprovechando que se acaba de publicar su maravillosa El festín de Baco en nuestro país, una novela con temática sobrenatural publicada una década después de su anterior libro; no lo dudé un momento. Un título que cumple los requisitos al cien por cien para ser reseñado por estos lares. Pues al igual que Tenebrae, El festín de Baco se desarrolla principalmente en una vieja y lúgubre casa de la campiña inglesa. El Strath, nos enteramos, en la aldea de Thorlund (población: 30), fue construida en 1670 y, como la historia de Henham comienza a principios del siglo XX, ha sido un lugar abandonado durante más de un siglo… Abandonado, pero no completamente vacío, al parecer. Aunque los lugareños consideran que no está embrujado, algo innegable emana del centro del Strath, influyendo para bien o para mal en todo y en todos los habitantes de la zona. Y es que…, bueno, mejor les cuento de antemano cuál es la fuente de esas influencias: un par de máscaras de tragicomedia creadas con piel humana por un juguetero alemán loco en el siglo XVIII, resultan ser la fuente de las emanaciones, y los ocho personajes que caen bajo su influencia pronto verán sus vidas transformadas para siempre.
Tenemos al reverendo Berry, un erudito de mediana edad que vive al lado del Strath y ha pasado los últimos treinta años de su vida paseando por los jardines del Strath y traduciendo la poesía de Safo y otros griegos de la antigüedad. Cuando el nuevo propietario del Strath, Reed, llega de USA con grandes planes para renovar la propiedad, Berry le advierte que no lo haga, y en cuestión de días, el estadounidense es encontrado muerto, estrangulado, frente a su destartalada casa. El sobrino de Reed, Charles Conway, un londinense derrochador y libertino, no tarda en llegar para tomar posesión (¿o debería decir, ser poseído?). Más tarde se le une su amigo escritor, Drayton, quien vive en la miseria. Pronto se los ve a ambos, ensimismados en el Strath, trabajando en una obra de teatro (en el caso de Drayton), leyendo el diario de Winifred Hooper, la infeliz hija del original bandolero del Strath (en el caso de Conway), y paseando por el jardín. Pronto también se ve atraído por el Strath el reverendo Price, el párroco del cercano pueblo de Kingsmore; un anciano bondadoso que no entiende porqué Berry, eh, se encierra en su aislamiento. La sobrina de Price, la protofeminista Flora Neill, llega más tarde de visita y, a pesar de su promesa de no casarse jamás, enseguida se interesa por el apuesto nuevo dueño del Strath. Y pronto se une a Flora su vanidosa e insensata amiga Maude Juxon; una mujer sin ningún pensamiento serio, de vacaciones en el campo para alejarse de su hija pequeña y de su decente pero aburrido marido Herbert. Herbert, al parecer, es un corredor de bolsa cuyo negocio está al borde del fracaso, y él también aparece en escena, sobre todo para observar el evidente encaprichamiento de Maude con el apuesto erudito Berry. Y para completar el octeto, tenemos a Lone Nance, alias Nancy, una adolescente que vive en la zona, que pasa todo su tiempo en comunión con la naturaleza y que claramente padece algún tipo de trastorno mental. Y finalmente, las terroríficas máscaras reunirán a estos ocho personajes bajo el desmoronado techo del Strath, para una velada divertida con trajes del siglo XVIII, baile, música de clavicordio… e intentos de asesinato.
La historia editorial de este libro en particular es fácil de describir. El festín de Baco fue publicado originalmente en 1907 por la editorial británica Brown, Langham & Co. Luego quedaría OOPs (agotado) durante 107 años, hasta que Valancourt optó por resucitarlo. Y ahora Hermida Editorial lo trae genialmente traducido por Óscar Mariscal.
Encantado de volver a tener un título así entre los vivos.