Reseña: Río Veneno
Ganas tenía de reseñar algo de Beto Hernandez. Por eso vi una tremenda oportunidad en hacerlo ahora que La Cúpula Ediciones pone su Río Veneno en edición integral entre las novedades. Porque además me dijeron: «Si hay una sola trama de dicha serie que se considere la mejor, es esta». Y aun así, tenemos una historia donde la gran parte del guion es sombrío, sólo para adultos, pero que se disfruta mogollón como trama de género negro, pues Luba nunca resulta un personaje simpático del todo, y sin embargo, como relato bastante detallado de lo que hace a una persona ser quien es, es una lectura imprescindible.
En Río Veneno tenemos la historia secreta de Luba, remontándose a los últimos días de su madre. Luba se encuentra en el corazón del mundo siendo en muchos sentidos el eje central de las historias de Palomar (https://www.lacupula.com/catalogo/palomar-1/?v=12470fe406d4). Una chica fuerte, sensata y pragmática desde el principio, es evidente que Luba vivió una vida difícil en un mundo hostil, superó los desafíos de ese mundo y sobrevivió para prosperar en un pequeño pueblo con escasos recursos y accesos casi únicos al «mundo moderno». Y es que Río Veneno muestra precisamente cuáles fueron esas luchas y desafíos porque huérfana a temprana edad, casada con un gánster a los quince años y sumergida en una enmarañada historia de deseo (tanto sexual, como de poder), posicionamiento político, rivalidad y los peligros de la corrupción en un negocio asociado con el tráfico de
deseos; tenemos drogas, sexo, seguridad y escape. Un cómic que muestra como un personaje a la vez que desarrolla un sentido de autosuficiencia en un mundo hostil, en un país centroamericano anónimo durante las décadas de 1950 y 1960; Luba, como personaje literario, evoca a algunas de las grandes mujeres de la literatura moderna.
Para los poco instruidos, el ritmo de este cómic puede resultar un poco desconcertante a veces, pues salta de viñeta en viñeta entre personajes, escenas y momentos. Sin embargo, todo se une, creando una narrativa a gran escala al final (momento en el que, como era de esperar, vemos la llegada de Luba a Palomar). Y si bien se nos ofrecen atisbos de relaciones que ya deben conocer quienes hayan leído el resto de la serie (a la cual ardo en deseos de volver), este volumen para mí se sostiene por sí solo de una forma genial. Y me da, además me lo comentaron, que es el relato más complejo y con más profundidad de toda la serie. Aunque se trata de la historia de Luba, cada etapa se desarrolla a través de un personaje de su mundo, desde su nacimiento (contado como la historia de su madre) hasta su llegada a Palomar. La narrativa entrelaza a los personajes que conforman su mundo con la vida de Luba y crecen, se desarrollan y ejercen su influencia.
¿El arte? Tiene ese aire retro de cómic independiente que mola. Escaso y con sutiles marcadores que indican cambios de perspectiva y tiempo, lo que significa que no se trata de un cómic ligero para leer a toda prisa, sino de una sofisticada novela gráfica que hay que disfrutar con tranquilidad y buena postura.
Fetiches, neurosis, ideales políticos, narcotráfico, bajas pasiones, necesidades del cuerpo y el espíritu se convocan y alternan en estas páginas que dibujan el perfil completo y exuberante de una de las mujeres más poderosas –y empoderadas– del tebeo contemporáneo.
Estoy de acuerdo.