Reseña: Cassandra. La Mano Izquierda del Diablo

Me gustó la definición en su día de alguien que dijo que el estilo de dibujo de Víctor Santos es bastante crudo. En el buen sentido, ese dato es muy real. Poseedor de un gran trabajo en la composición de las viñetas, en sus cómics consigue lograr el mayor dinamismo posible. Creo que es su mayor don. Y aprovechando que Yermo Ediciones trae de nuevo a librerías su Cassandra: La mano izquierda del Diablo, era mi oportunidad para ver si aparte de su genial Polar (que recuerda tanto al glorioso Frank Miller), la estrella emergente que es el dibujante barcelonista Víctor Santos, era capaz de saber hacer algo diferente, atractivo y potente. Y encontré en Cassandra: La mano izquierda del Diablo que Santos sabe crear una narrativa cautivadora que oscila entre el estilo de un cuaderno de bocetos animado y escenas de acción trepidantes, dando como resultado una presentación visualmente impactante y cinematográfica… Otra vez.

Cassandra: La mano izquierda del Diablo es un título que ha capturado la atención de lectores y críticos desde que su publicó en nuestro país. La historia sigue a Cassandra Kaza-Shimada, una cirujana que intenta llevar una vida normal en el distrito de Fukuoka, entre operaciones a corazón abierto, sesiones de tele y manta, y besos de buenas noches a su hijo. Pero un día toda esa normalidad se va al garete. Su vida empieza a torcerse por culpa de los secretos del pasado de su esposo. Es entonces cuando Cassandra no tendrá más remedio que aceptar la oscuridad que nace en su interior, una oscuridad fría y profunda, nacida del rocío de los bosques y de la humedad de cavernas nunca exploradas… y tendrá que rodearse de dolor, ira y furia para aceptar que ahora tiene que sacar lo peor de si misma para salir adelante.

Una nueva historia muy tarantinesca que se devora de una sentada.

Víctor Santos utiliza su potencial como dibujante, lo dicho: la disposición de viñetas al estilo italiano, para imponer una verticalidad impecable, que recuerda a los videojuegos noventero donde cada personaje se movía de izquierda a derecha por la pantalla, eliminando a cualquier intruso en su camino. Alternando entre diversos estilos de entintado e incluso viñetas narrativas con encuadres impresionantes, Santos ofrece una historia que es potente, palomitera aunque tengas la sensación de «esto ya lo he visto». Aunque todo queda eclipsado por la pura destreza gráfica de su arte que te lleva a sonreír casi con cada escena de acción.

No lo digo yo, Víctor Santos es un grande del noveno arte en este país. Creador de grandes historias gráficas como Filthy Rich o la cuadrilogía Polar antes mencionada, no hay que pensar mucho para darse cuenta que estamos ante un autor que hay que seguir sí o sí, un autor muy influenciado por las grandes tramas de venganzas niponas, films de artes marciales del señor Bruce Lee y dicen que también por el glam rock.

La venganza como culmen palomitero.

Un cómic tan Kill Bill… no puede no gustarle a nadie.

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.