Crónicas Literarias

Reseña: Cold War, de Christopher Sebela y Hayden Sherman


Siempre voy a volver a mi subgénero favorito del horror como son los zombies. Sé que es un lugar donde encontrar mucha morralla antes de dar con una historia buena. Pero cuando das con una buena… Oh… Ah… Ugh… Como lo flipas. Y en cómics, siempre reivindicaré que tras el cine es donde se encuentran las tramas más chulas y algunas, cuando menos curiosas. Y bueno, tal vez, no haya ningún secreto. Quizás sea simplemente, porq que es un subgénero que se magnifica con lo visual… Y ahora como escritor de una novela del tema, sí que os voy a contar un secreto. Los zombies son uno de los horrores más difíciles de lograr. Y otro tema es, que por cada Dawn of the Dead (Zombi, 1978) hay un Amanecer de los Muertos (2004). Es decir, aunque estas dos pelis fueran remakes una de la otra (y curiosamente el remake en este caso le da tres patadas a la original de Romero), a lo que voy es: que es muy difícil crear una historia de muertos vivientes original. Es raro que una no se parezca ya a otra existente. Los zombies como metáfora han luchado contra la falta de coherencia. Incluso el maestro George A. Romero rebotó en un par de ocasiones ante el comentario exacto o pregunta de periodista insensato ante qué demonios podían representar. Pero que estamos ante una metáfora de lo que es el ser humano; de eso estamos seguros. Quizás de la intolerancia al consumismo, dijo uno. Jajaj… madre-mía, madre-mía. Pero estamos ante la «belleza» de un monstruo que con una iluminación incorrecta puede hacer que te veas a ti mismo. Ahí lo dejo.

Y ahora la pregunta es: ¿Es o no Cold War una historia de zombies en toda regla? ¿Por qué llamarlos Revividos cuándo…? En realidad, Cold War brinda un poquito más por la CF. La premisa es que Tom Rook sale de su sueño criogénico de más de quinientos años y se une a otros como él. Son recibidos con una transmisión grabada por el presidente de los Estados Unidos. Los han despertado por un causa importante. Les aportan armamento de calidad. Los trajes son capaces de desviar ciertas balas y autocauterizarán heridas menores si llega el caso. Tienen también armas que funcionan con nanobalística que aseguran que nunca se quedarán sin municiones. También se proporcionan cascos que diagnosticarán lesiones y les permitirán comunicarse. USA está en guerra y han sido reclutados. Antes de que se abra la puerta de la nave, Tom decide calmar a los demás: “Respirad. El pánico no cambiará nada”. Y antes de que se abra el pórtico de la nave, reflexiona sobre quién es y porqué está en dicho lugar. Tomo trabajó en el ejército, abierta y encubiertamente, en todo tipo de misiones con escuadrones de élite. Departamentos, muchos, sin nombre…

Ahí es donde Christopher Sebela interrumpe estos flashbacks porque las puertas se abren y comienza la acción.

No me topaba con un cómic bélico tan potente en años. Todo vale en la batalla, y los nuevos reclutas son eliminados de izquierda a derecha como letras en una pizarra frente a un enérgico borrador. Estos reclutas son tipos de toda índole: agentes de seguros, profesores de guardería… simplemente, gente promedio que despertaría en un nuevo Edén. Y estos soldados no caen solo por disparos de las armas, hay varios dispositivos desagradables que el lado opuesto usa para matar de manera horrible. ¿Y quién es el enemigo? Hay destellos, pero puedes suponer ciertas cosas. Eso si, lo que está claro es que son terribles e implacables. Y vienen en diferentes formas.

Los dibujos y la rotulación de Hayden Sherman son una jodida maravilla. Perdonad, por la expresión, pero me encanta este tipo de arte muy a lo Juez Dredd clásico. Además, Cold War presenta en ocasiones imágenes que son increíblemente fuertes pero que contienen ambientación por los cuatro costados. Camina por una línea muy fina con el diseño de los personajes y lo lleva a cabo de manera brillante, dejando al lector en tantas dudas como esos soldados que no tienen ni idea de por donde tirar. Quiero saber más y necesito saber más. Siempre lanzaré la proclama que obras tan potentes así, se deben leer en formato integro para un disfrute mayor, si cabe. Contiene páginas que son una maravilla en preparación; el presente, mezclado con flashbacks, y cantidad de colores ayudando al lector a entenderlo todo. Necesito más.

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