Reseña: El Simio, el Idiota y los Demás
Rescatar obras así, que vuelvan a la luz, a librerías, títulos como El simio, el idiota y los demás es para mí, lo que más mérito tiene por parte de una editorial. Porque en los clásicos están el ingenio, en las fuentes está la esencia de lo bueno del perfume. Nada de colonias y disoluciones al agua, una antología de 1897 del maestro William Chambers Morrow es puro perfume para el amante de los cuentos de terror. Precursor, sin duda, de los relatos macabros, ideal para lectores que disfrutan de historias extrañas, a veces terroríficas, otras veces simplemente escalofriantes, casi siempre sangrientas y macabras; ellos encontrarán su dosis de emoción en este autor californiano tan poco reconocido a nivel internacional. Y es que William Chambers Morrow (1854-1923) fue un escritor estadounidense, conocido principalmente por sus relatos de terror y suspense, y probablemente sea reconocido por el cuento Su enemigo indomable, incluido en numerosas antologías, y por supuesto, aquí. Mas, por mi parte, descubrí a este autor hará unos diez años cuando leí una colección de relatos de escritores que pertenecían al grupo de escritura Spinners. Y me sorprendió, para un autor generalmente del siglo XIX, ver una intensa (y sangrienta) forma de escribir sus relatos.
Relatos que suelen involucrar a exconvictos o locos, un cirujano malvado, y diversos personajes desesperados que viven al margen de la sociedad y que se encuentran dispersos en la vida. Y que toman decisiones inesperadas, o al menos emprenden acciones muy locas cuando no parecen tener otra opción… Y eso les lleva al horror. El héroe de la plaga ha sido uno de los relatos que más he disfrutado de esta antología tan llevadera que trae a nuestros días lectores la siempre genial Almuzara Editorial. Y es que…, ¿estamos ante un hombre extraño que aparece en un hotel buscando trabajo, o tal vez simplemente perdido? ¿Y por qué actúa como si llevara cadenas en los tobillos y esperara a que lo torturasen? ¿Lo echarán o alguien se apiadará de él? Dejando a un lado su violenta y para muchos disfrutable historia de Su enemigo indomable, os diré que encontraréis otras joyitas en esta antología tales como Velasco el Traidor o El fiel amuleto, no tan crudas, un tipo de horror diferente. De hecho, diría que tengo ya este último en mi pódium de los mejores relatos de terror que he leído nunca. Le pasan tantas cosas al marinero justo cuando pensaba que iba a hacerse rico que al final… ¡Dios mío! O El estilete permanente, donde un aventurero es brutalmente apuñalado en la aorta y si se le extrae la hoja, morirá desangrado casi de inmediato, por lo que un médico criollo debe usar su ingenio (digno de Sherlock Holmes), con los instrumentos médicos de la época para salvarle la vida y resolver el misterio del ataque. Historia no apta para personas sensibles.
Soy de esas personas que piensan que la palabra “simio”, “mono” y derivados en un título, siempre atrae al más puro fan del género pulp y los libros y cómics de los tres grandes géneros. Y para ese tipo de personas, no me iré sin contar que la antología comienza con una historia con un mono de circo fugado y un interno de un manicomio, quienes disfrutan de un breve momento de libertad en el campo, forjando una amistad y descubriendo las maravillas del mundo bajo el inmenso cielo azul. Pero al encontrar la tumba recién cavada del hijo pequeño de un inmigrante chino pobre, realizan un milagro sin saberlo… Una evocación, en toda regla. El horror a un paso y la vida justo al lado.
Una antología que hace que te cuestiones si los seres humanos pueden vivir libres en sociedad.
Y sé que El creador de monstruos se adaptó al cine. Y esta película se incluyó hace unos años en uno de ese megapacks de dvds de terror que tanto se vendieron. Así que mola ver que Morrow no ha sido olvidado totalmente. Y es que si disfrutas de la obra de autores como John Steinbeck, Ray Bradbury, Edith Wharton y Jack London, deberías leer a W.C. Morrow. Aunque es un autor un tanto diferente y todo un desafío leer sus historias.
Hay que leerlo para creerlo.