Reseña: Tatsumi

Yoshihiro Tatsumi es uno de los maestros manga por los que sentía mucha curiosidad. Y buscando me di cuenta que Satori Ediciones tenía más de una antología suya publicada en español. Y es que Tatsumi, figura clave en la historia del manga de posguerra, es un nombre cada vez más conocido en Europa y Norteamérica. En los últimos años, se han publicado recopilaciones de su obra de finales de los años sesenta y principios de los setenta en España, Canadá y Polonia. Como sugiere su obra, Tatsumi pertenece a una generación de autores japoneses que se iniciaron en la austera década de los cincuenta y cuya visión de Japón se mantuvo, incluso en la época dorada de los sesenta, como una visión de pobreza e impotencia. A Tatsumi se le atribuye la invención del término gekiga («imágenes dramáticas») desde 1957. Bajo este nombre, contribuyó al desarrollo del género del manga negro, que, con su compromiso de explorar la psicología y la difícil situación de las clases populares en mayor profundidad, contrastaba con la frivolidad de las publicaciones infantiles convencionales que tanta fama estaban creando entonces. Y en esto último se centra su antología Tatsumi; relatos oscuros, muy oscuros, sobre la verdad del ser humano, el obrero de a pie, ni pobre ni rico pero a medio gas en la vida.

Son relatos los cuales muchos se te quedarán grabados de por vida. Son sucesos algo “naturales” los que suceden aquí. Son gente normal haciendo cosas “normales”, problemas con los que tienen que lidiar en sus denostados trabajos. Nueve historias de sabor amargo, publicadas en su mayoría entre 1970 y 1972, en las que se condensa el talento único del mangaka. Su obra gráfica en literatura con mayúsculas porque la recopilación que aquí nos ocupa es una excelente muestra de como el autor era capaz de componer historias con una crudeza y honestidad increíble. Tatsumi se aleja de un mensaje moralizante para dejar en manos del lector el juicio de lo que está ocurriendo. Historias oscuras, que incomodan, y en muchos casos, difíciles de digerir. Pero una obra sumamente interesante que deja con ganas de más por eso rápidamente se me vino la idea de intentar leer cuanto antes Mundo Perdido, otra joyita antológica que Satori Ediciones también publicó. Historias ideales para los que deseen introducirse en el manga para adultos.

En Infierno, el personaje principal paseaba por la calcinada Hiroshima, tomando fotografías sin cesar del horror que dejó la bomba. En Ocupado es interesante ver como a partir de encontrar grafittis se puede descubrir una verdadera pasión. En Escorpión. Who are you? se puede adorar la comparación que se crea entre el protagonista y un escorpión… Y Cría puede ser probablemente uno de los relatos más tristes que he leído en mucho tiempo. Quedan otros cinco relatos (La primera vez de un hombre, La montaña de los viejos abandonados en Tokio, Querido Monkey, Goodbye y La campana fúnebre), de los que no pienso contaros nada de nada para que los disfrutéis vosotros mismos. Como suele ocurrir con los cuentos a poco que se cuente algo de ciertas historias ya se genera el spoiler. Y por eso no pienso pasar.

Una antología que reúne lo mejor del padre y maestro del gekiga. Y ya os adelanto que esta misma casi que podría ser la misma reseña para Mundo Perdido, título que ya he devorado. Otra joyita que tendréis en formato reseña en breve…

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.