Reseña: Cazadores de Leyendas

Los cómics británicos siempre han tenido una larga fascinación por lo que solo puede describirse como personajes «poco convencionales» (o «extraños» o «inquietantes»). Muchos de los modelos a seguir que leíamos de niños eran escandalosos o simplemente «descabellados»: justicieros/voyeurs moralistas como Jason Hyde, mentes maestras extranjeras siniestras como El Enano o Black Max, criminales afables como Charley Peace, ex-criminales arrogantes como La Araña o superhombres abiertamente racistas como el ideólogo blanco y maníaco Capitán Huracán… Todo muy pulp. Pero antes de que Action Comics, 2000 AD y Misty cambiaran las reglas del juego, aquellos cómics se dividían en categorías bastante intocables. Teníamos fantasía infantil, amena y/o fantástica; muchísimas propiedades de entretenimiento con licencia, acción, aventura, guerra (especialmente las que «nosotros» protagonizábamos o habíamos iniciado); dramas escolares, deportes y comedia. Un análisis más detenido podría confirmar que siempre existió una fusión subversiva, una mezcla subyacente, especialmente en antihéroes anárquicos como Daniel el travieso o nuestra interpretación, algo forzada, de los justicieros disfrazados como Phantom (https://dolmeneditorial.com/tienda/the-phantom-el-hombre-enmascarado-1965-1969/), Kelly Ojo Mágico (https://dolmeneditorial.com/tienda/kelly-ojo-magico-vol-8/), o las primeras historias de Zarpa de Acero (https://dolmeneditorial.com/tienda/zarpa-de-acero/). Pero mediados de los 60 y principios de los 70 fue una época especialmente agitada y con una gran demanda de cómics. Esto inspiró una ola de innovación recordada con cariño por esos héroes oscuros y excéntricos, monstruos fascinantes y villanos carismáticos. Y en esa nueva ola brotó este genial Cazadores de Leyendas que ofrecía fantásticas amenazas y peligros en el formato tradicional semanal, mientras un par de hombres blancos, dedicados y competentes, desafiaban diligentemente los límites de la ignorancia. Como era habitual en aquella época, lo que triunfaba en las pantallas, tanto grandes como pequeñas, influía en lo que aparecía ahora en los cómics. Se juntaron dos grandes para un nuevo título. El subeditor/guionista Graham Baker, con la participación de un joven por entonces Jordi Bernet, los cuales crearon una serie como esta, una de las muchas joyas olvidadas creadas por estrellas mundiales en ciernes. Donde el lector puede apreciar cómo Bernet mejoraba y se superaba a sí mismo en cada página.

La premisa de Cazadores de Leyendas es sencilla: en el siglo XL, el Museo Central del Conocimiento es un vasto depósito de investigación y almacenamiento de todo tipo de objetos históricos. Pero ahora que los investigadores estrella Rollo Stones y Danny Charters han usado su máquina del tiempo para confirmar la veracidad del último artefacto y corregir (mediante observación directa) los datos erróneos que lo acompañaban; su jefe, Marcson, les ha encomendado una nueva misión. El 7 de junio del año 3900 d. C., sin más misterios históricos por resolver, les pide que empiecen a analizar la gran colección de objetos desconocidos y basados en mitos que guardan en su armario. ¿Qué pasa? Pues que aparte del peligro y la posible muerte que eso conlleva, la máquina solo funciona si los objetos que sostienen los recién nombrados Cazadores de Leyendas (The Legend Testers!) son auténticos. Como el supuesto cráneo de hombre lobo que los transporta a la Europa feudal y a un encuentro con una coalición mágica de seres diabólicos…

Capítulos que son joyitas dentro del cómic de aventuras, terror o incluso la ciencia ficción. Para los lectores de cierta edad, propensos a la nostalgia y nuevos lectores con nuevos títulos por descubrir; estamos ante un volumen que no es otra cosa que un eterno agradecimiento a Dolmen Editorial por haberlo traído a nuestros tiempos. Obras de cómic reunidas por fin en un titánico homenaje que son una delicia emocionante, cautivadora, fácil de leer y gratificantes al terminarlas y poseerlas.

Un título que es un verdadero lujo encontrarlo de nuevo en librerías.

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.