Reseña: Wonder Woman. Hiketeia

Hiketeia es un arco argumental de Wonder Woman que tenía muchas ganas de leer. Un arco creado por el genial guionista ganador de un Premio Eisner, Greg Rucka uniéndose al inconfundible J.G. Jones para narrar una intensa batalla entre Wonder Woman y Batman que bebe de temas tan propios de las tragedias griegas como el deber y la venganza. Eso es lo que se propone. Pero me encontré mucho más en este genial volumen en tapa dura que no hace mucho publicó Panini Cómics en nuestro país. Y es que no recuerdo cual fue la primera vez que un cómic me hizo temblar las manos. No por batallas espectaculares ni trajes coloridos, sino por contener una historia que trascendió las páginas y me planteó preguntas imposibles. Y esto fue exactamente lo que me pasó al leer Hiketeia, una historia que ha transformado mi visión del heroísmo.

La escritura de Greg Rucka y el inquietante arte de J.G. Jones crean una tragedia griega moderna. Tejen una historia donde Diana de Themyscira no solo lucha contra villanos, sino que se enfrenta a promesas sagradas más antiguas que la civilización misma. El ritual llamado Hiketeia la obliga a proteger a alguien que la sociedad considera indigno, forzándonos a confrontar las consecuencias de convertir el deber en una jaula. Lo que más me impactó no fue la acción explosiva como decía (aunque hay mucha), fue ver a una superheroína en su estado más puro: sin lazo, sin avión invisible, solo la humanidad en estado puro chocando contra la obligación divina.

Hiketeia no es un cómic cualquiera. Es una ventana a cómo los mitos aún dan forma a nuestro mundo. Imagina recibir una promesa vinculante más antigua que la propia democracia. Esa es la Hiketeia: un antiguo ritual griego en el que un suplicante se arrodilla y te agarra las rodillas, exigiendo protección. Y una vez aceptado, este juramento se vuelve irrompible. La muerte o el cumplimiento son las únicas salidas. Pero este ritual no era solo una ceremonia. Los registros históricos muestran que servía como asilo divino: el último recurso de una persona desesperada. El acto de arrodillarse y tocar creaba un vínculo físico reconocido por los dioses. Esto me pareció fascinante: «El agarre del suplicante no era sobre la carne, sino sobre el orden cósmico mismo».

Y ya cuando mola cantidad es cuando entran en escena las Erinias. Estas guardianas aladas de la mitología que se aseguraban que sufrieran las consecuencias quienes rompían sus juramentos. En esta trama, su presencia se cierne como nubes de tormenta. Una página muestra sus ojos brillando en las sombras: un brillante recordatorio visual de un deber ineludible. Y es que cuando la Chica Maravilla acepta la Hiketeia, no solo hace una promesa. Carga con un mecanismo divino.

Los dibujos de Jones amplifican la tensión. En doblse páginas, columnas griegas derruidas enmarcan un callejón de Gotham…, el pasado no solo está presente, sino que lo aplasta. Las metáforas visuales son tremendas en este cómic y las tenéis incluso en las escenas de batalla. Una historia que plantea la pregunta de si la justicia puede existir sin flexibilidad. Viñetas que parecen antiguas cerámicas cobrando vida. Cada pincelada cargada de destino.

La genialidad de Rucka reside en hacer que costumbres milenarias se sientan urgentemente personales. El pasado no es pasado, es la lente a través de la cual libramos las batallas de hoy.

Comicazo.

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.