Reseña: Deathlok. El Demoledor
En un futuro no muy lejano, el coronel Luther Manning logra tomar el control de su cuerpo cibernético y escapar de su creador. Esta sería la premisa principal para el cómic clásico de Deathlok: El Demoledor, para sus inicios y para captar tu atención que como yo, amas el cómic setentero-ochentero por encima de todas las cosas. Aprovechar, sin duda, la ocasión actual para hacerte con estos Marvel Limited Edition en TPB que está publicando Panini Cómics en nuestro país que son joyitas recopiladas en si mismas, al igual que fue el número #21 de Viuda Negra: El aguijón de la viuda, otro TPB de esta genial colección.
Y lo cierto es que con escaso acceso a la ciencia ficción para adultos en la década de 1970, era probable que el joven lector sobreestimara la originalidad de algunos cómics de la época. En retrospectiva, Deathlok: El Demoledor debe mucho a otras tendencias de la cultura pulp de su
tiempo: el resurgimiento del terror; el futurismo violento y distópico; la cibernética al estilo de El hombre de los seis millones de dólares. Pero que duda cabe que es un tipo de cómic que se disfruta mogollón, nostálgico para aquellos que vimos y disfrutamos de niños éxitos fílmicos como Terminator o Robocop.
El tema del hombre contra la tecnología es atemporal, y los cocreadores Rich Buckler y Doug Moench, adaptaron tremendamente bien ese tema con estas historias tan entretenidas que se van a recuperar en dos volúmenes. Buckler (creador de la idea) realizó algunas de sus mejores obras de arte y guion en estas historias. Con Deathlok: El Demoledor, Buckler, dejó atrás a los superhéroes tradicionales y creó un personaje cuya premisa básica anticipó los cómics sombríos y violentos que llegaron en los 90. Al más puro estilo de las súper producciones de cine, como he dicho antes, tenemos un cómic que evoca el terror al estilo de El hombre de los seis millones de dólares,
pero también podemos meter en el caldero algo de El amanecer de los muertos, de Romero. Y, por supuesto, la eterna paranoia conspirativa que reside de forma indefinida en mi querida tierra USA.
Todo esto se dijo del cómic de Deathlok: El Demoledor en sus buenos años y que duda cabe que al leerlo te das cuenta que sorprendentemente los autores consiguieron trascenderlo para convertirlo en una cómic de gran calidad. El estilo de dibujo de Buckler era algo tosco, pero su narrativa cinematográfica, inspirada en Steranko, ofrecía un potencial similar y eso siempre es un más. Fue un debut prometedor. La idea de que Deathlok sea un cíborg —además de una especie de antihéroe por victimización— podría añadir una perspectiva novedosa a nuestros cómics, dijo Roy Thomas en su día.
Un primer tomo de Deathlok: El Demoledor que recopila lo publicado originalmente en
Astonishing Tales 25-28, 30-36, Marvel Team-Up 46, Marvel Spotlight 33, Marvel Two-In-One 26 y 27 y Captain America 286-289. Yo no me lo perdería.
Cómic de los buenos.