Reseña: La Cofradía de las Tormentas

Los que seguimos la extensa obra y creación de mundos fantásticos de Jean-Luc Istin, sabemos que vamos a leer todo de él, si o si, todo lo que podamos y que Yermo Ediciones tenga a bien considerar publicar por estos lares. Porque aporta muchas cosas chulas al cómic europeo fantástico y provoca que te sientas bien leyendo sus álbumes. Y aunque confieso que no tenía prisa por leer La cofradía de las tormentas, ya que West Fantasy no cumplió mis expectativas, y posiblemente el título que os reseño hoy fuera la misma fórmula: un mundo de fantasía con orcos, magos, elfos… pero esta vez con un toque pirata; las obras de este señor tienen algo que engancha. Por eso, los fans del mundo de Aquilon no se sorprenderán, pero tampoco se sentirán decepcionados con esta nueva entrega. De hecho, diría que les devolverá a más de uno el ansia por leer todo lo que escribe este señor. Ahora, una fusión con el universo pirata que funciona bien, y la maestría de los autores brilla en estas dos primeras aventuras denominadas Thoorak y Orvann.

Un nuevo universo creado por J.L. Istin y Sylvain Cordurié, en este caso, en el que los elementos habituales de las aventuras de piratas se ven potenciados por seres y razas habituales en la literatura fantástica. Agora, de doce años, que sueña con aventuras, se enfrenta a diario al desprecio de su familia. Solo su padre le demuestra afecto y la colma de regalos, como el espléndido medallón que le obsequia antes de la tragedia que cambiará su vida… Unos asesinos irrumpen en su hogar, masacran a su familia y la persiguen, y su supervivencia se deberá únicamente a Thoorak, un orco de la Hermandad de las Tormentas que, casualmente, pasaba por Havrerhum y negándose a abandonarla, la lleva a bordo de un poderoso barco donde Agora descubrirá que el aire salado del mar abierto a veces tiene el amargo sabor de la traición.

Orvann fue un maestro kraken, pero los años lo han quebrado. Ahora, como farero, ahoga su pasado en alcohol. Cada noche, enciende el fuego. Hasta aquella noche fatídica. El vino era demasiado fuerte, o adulterado. Se quedó dormido y tres barcos se estrellaron contra los arrecifes. Acusado y encerrado en una celda, comprende que aquel naufragio no fue un accidente. Alguien quería esos barcos en el fondo del mar… y a él como chivo expiatorio. Pero Orvann no siempre fue farero. Sabe cazar, sabe matar. No le queda honor ni hogar, pero una certeza permanece: alguien lo ha incriminado. Y ese alguien se arrepentirá. Porque Orvann era un antiguo miembro de la Cofradía que es arrojado a las mazmorras por no evitar un naufragio, mientras dormía… Pero ya todos sabemos que no fue accidente.

Entre secretos y violencia, también se aprende, sobre todo, que cuando el mundo te lo ha arrebatado todo, solo queda una opción: la venganza.

Un buen cómic para disfrutar este verano a las puertas. Una lectura entretenida que deja curiosidad por descubrir más sobre este nuevo microcosmos (el Señor de los Ciclones, el Maestro de las Olas, el Soberano de las Mareas…). Tengo entendido que son sólo dos álbumes más los que completan esta miniserie que, por supuesto, recomiendo. La buena esencia se ha rescatado. Y con un arte sólido, y al estilo de las otras series de este mundo, a este que os escribe le ha quedado muy buen sabor de boca y ganas de más. Me gusta especialmente el estilo artístico y la atmósfera general, y la historia me resulta cautivadora. De hecho, me mojo, para mí Thoorak es el mejor álbum del grupo de Istin en mucho tiempo.

Y mientras escribo esta reseña curiosamente me salta la noticia del anuncio al otro lado de los Pirineos de un quinto y sexto volumen de la serie.

Lógico.

Normal su éxito.

Los personajes son geniales.

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.