Reseña: Katanga

Katanga es de esas obras que aunque tiraban de mí cada vez que veía uno de sus álbumes en librerías, me resistía porque era consciente de querer tenerla/leerla/poseerla en formato integral. Y gracias a Norma Editorial que entiende muy bien al buen aficionado de cómic europeo de este país, ya la tenemos disponible para el disfrute. Disfrute dentro del contexto lector porque estamos ante una trama que no es otra cosa que un violento retrato de la corrupción y la ambición desmedida que existió en la África poscolonial en los años 60, tal como indica la sinopsis editorial. Pero a lo que indico en la primera frase de la reseña habría que añadir que otra cosa que impulsa a leer este cómic si o si son las garantías que da siempre el guionista Fabien Nury (Érase una vez en Francia, Carlota Emperatriz, Silas Corey…) autor de grandes obras ya reseñadas por aquí, pero a eso hay que sumar el genial dibujo de Sylvain Vallée (Érase una vez en Francia, Antananarivo) el cual hace aquí un trabajo tremendo.

Katanga cuenta una trama vigorosa y llena de giros argumentales, ambientada en un Congo devastado por la guerra civil en la década de 1960. Una serie de tres álbumes ahora recogida en un solo volumen, una serie vibrante y colorida con numerosos mercenarios que nos recuerdan el difícil período poscolonial, a menudo traumático para la población con sus numerosos golpes de estado y donde se denuncian crímenes de guerra, así como la esclavización de personas negras por parte de personas blancas, la ineficacia de la ONU para gestionar situaciones tensas y la codicia de los europeos por las riquezas de África. Friends, aquí se abordan temas serios. Pero esto no resta valor a la experiencia de lectura, apasionante y cautivadora. El ritmo es rítmico, casi cinematográfico, es notable. Y los personajes tienen una apariencia increíble. Estamos ante una verdadera obra de arte. Terminarás de leer con la garganta seca, pero ahora tendrás una idea clara de qué son, en realidad, los denominados diamantes de sangre. Porque el África poscolonial fue un caos geopolítico tal, que nunca he sabido explicarlo bien cuando me ha tocado exponerlo. Y esta saga se desarrolla en ese contexto tan comprensiblemente abrumador. Pero Nury lo hace muy buen aquí con un tema que podría ser fácilmente incendiario, aunque logra evitar la politización excesiva. Camina sobre la cuerda floja, balanceándose constantemente en el borde sin desviarse ni un ápice, sin explotar a su protagonista para escribir un manifiesto político complejo, que sin duda habría lastrado toda la obra. Por eso, Katanga destaca por su total ausencia de maniqueísmo. El objetivo no es vilipendiar a los (antiguos) colonizadores, ni, por supuesto, elogiarlos, al igual que los independentistas nunca son elevados a un pedestal. La culpa se reparte de forma más o menos equitativa, y las élites africanas no son menos corruptas que nuestras élites europeas. Y lejos de categorizar, el autor acaba metiendo a todos en el mismo saco, demostrando que, independientemente del color de piel, la estupidez y la ignominia son, de hecho, características humanas universales. Nos estremecemos tanto ante las condiciones de vida impuestas por una ONU más hipócrita que nunca en el campamento de los caníbales como ante las aterradoras escenas de los ataques de los rebeldes de Kasai, que parecen sacadas de una película de zombies.

Katanga es una historia muy oscura casi de terror. Y esto es lo que me encanta de Nury, siempre hay un rayo de esperanza, y sus personajes están escritos con tanto cuidado que nos permiten recuperar el aliento y, a veces, nos hacen sentir cariño incluso por los sinvergüenzas más cínicos. En este caso, hay que admitir que Orsini es una de esas figuras increíblemente ambivalentes de la ficción a quien odiamos, pero que no podemos evitar admirar, en cierto modo, al menos por su capacidad para salir airoso de cualquier situación imaginable. Y el conmovedor dúo de Charlie y Alicia, una especie de faro en este mundo perdido.

Nury ofrece su mejor trabajo aquí. Además, el magnífico trabajo artístico y la inteligente narración hacen de Katanga una gran historia de aventuras, apasionante y grandiosa, horrorosa y cautivadora, que sirve como recordatorio de que Fabien Nury es un maestro en toda regla.

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.