Reseña: No Hay Que Tomar a los Imbéciles por Gente

Con un titulo tan potente como tiene, decidí darle una oportunidad a este cómic que publicó Norma Editorial hace poco. Y sin saber qué esperar, me puse con él y lo disfruté. Aunque ya sabía que había recibido críticas generalmente positivas. Como decía, disfruté mucho de los tres álbumes que integran este tomo donde cada página presenta una idea nueva, un cómic realmente rico en humor y conceptos. Aunque un humor bastante irreverente y no para todos, pero refrescante porque rara vez lo veo dentro del noveno arte. Tratando temas como desempleo, publicidad, riqueza, inmigración, comida, animales… aborda todos los problemas de nuestra sociedad e intenta reírse del sin sentido de muchos de ellos. Un poco como hace South Park, todo, tras un humor bestia que es donde el cómic extrae su coherencia de la diversidad de sus temas. Sin embargo, debo decir que el humor dista mucho de ser desagradable. Me atrae bastante este tipo absurdos y como se tratan; mención especial merecen las viñetas que muestran las absurdas variaciones del teletrabajo, uno o dos años antes de la crisis de la COVID que llevó a su adopción generalizada por parte de muchos empleados. Que tenga que venir una pandemia para que avancemos en esto…

Esta serie de humor se compara a menudo con la obra de Fabcaro por su excesivo uso del absurdo y también por su estilo gráfico estático, que se repite constantemente viñeta a viñeta. Pero en muchos sentidos, esta serie es mejor que otras que andan por ahí por su deseo de comentar la sociedad francesa contemporánea (y casi que vale para cualquier europeo), mientras que nuestro buen amigo Fabrice, como un dandi nihilista, simplemente lo relativiza todo. Se examinan a fondo los problemas sociales (inmigración, racismo, la gestión capitalista de los servicios públicos, etc.) para ridiculizar aún más a los reaccionarios que ahora son mayoría y que nos rodean, incluso a los que nos gobiernan, o a los hipócritas deshumanizados que nos empujan al consumismo desmedido. A menudo es excesivamente absurdo; el título no miente en ese sentido. Pero algunos chistes logran la hazaña de provocar risas a la vez que poseen un increíble poder de denuncia. Una lectura bastante fácil, no demasiado frenética, ya que los chistes son lo suficientemente numerosos como para que resulte una lectura amena.

El estilo gráfico de Reuzé es bastante clásico, con líneas claras, un poco rígido a veces, pero lo que importa en este tipo de obra es, sin duda, el diálogo. Más allá del humor, la estética imita el collage, el montaje de imágenes encontradas en internet, que encaja a la perfección con lo absurdo de las situaciones. Y es que si entras en el grupo de amantes de este tipo de humor, tenéis aquí un volumen que vais a devorar de una sentada, como muchos dos.

Un cómic recomendable tanto por su humor como por su estilo visual. ¡Hay que saber reírse de todo, si no, qué nos queda! Si te gustan Desproges, Gotlib o el burlesque en general, disfrutarás de este cómic. Y si te encantó, sin duda, deberías echar un vistazo a otros trabajos de Fabcaro.

Pero ten cuidado de no excederte. Cada historia es una plato para saborear lentamente.

Buen título disponible en librerías.

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.