Reseña: Billy Lavigne

Un cómic, un western que es, en principio, gráficamente satisfactorio. Con una historia decente que te mantiene al quite y que te hace disfrutar y traslada a aquella época de incertidumbre como debió ser vivir en el Lejano Oeste. Y es que poco después de la relativamente original La mujer de la estrella (https://www.cronicasliterarias.es/?p=16636), Anthony Pastor regresa con un nuevo western, ambientado en un contexto muy diferente. Incluso me atrevería a decir que el elemento western aquí es meramente estético, y ha sido elegido para crear un marco definido para una historia que tiene todas las características de una tragedia clásica y que se centra en las relaciones entre algunos personajes clave como referente principal. Porque Billy vuelve a Texas para asistir al entierro de su madre, y allí se reencuentra con Ford, un acaudalado ganadero, y Thorpe, un antiguo ranger que se ha convertido en la mano derecha del primero. Los dos hombres, que antaño amaron a la madre de Billy, ven en él a un hijo o, mejor dicho, a un heredero. Pero entre el deseo de libertad y la búsqueda de los orígenes queda otra cosa importante…

Pastor no revela todas las respuestas, dejándonos con la incertidumbre, imaginando ciertos detalles. Pero logramos comprender qué une y divide al héroe, Billy, de los dos hombres que «controlan» la región a la que regresa tras la muerte de su madre. En este nuevo western que publica Yermo Ediciones en nuestro país, tenemos una trama bastante agradable de seguir, con su difusa búsqueda de paternidad liderada por un vaquero atormentado y sensible, y con personajes que, aunque bastante caricaturizados (excepto el propio Billy Lavigne, que se libra), todos y cada uno resultan maravillosamente dibujados en una buena historia, bastante disfrutable pero con un final que dejará a más de uno con el culo torcido.

Ante todo, Billy Lavigne es un western trágico desarrollado en los grandes labrantíos norteamericanos donde la amenaza, que nunca se olvide, se cernía tras las montañas. Y el dibujo es, sin duda, lo que más me impactó. Anthony Pastor, quien me emocionó con su trabajo en el cómic mencionado en el primer párrafo o incluso en un cómic que me prestaron llamado Hotel Koral, aquí explora otra línea. Es bastante acertada, con un toque de Van Gogh incluso (los fondos de las viñetas), para impregnar una trama que deja cierta sensación generalizada de extrañeza, aunque claramente no tiene nada de fantástico. Y es que de no ser por el colorido pastel, la portada se parecería a las de los westerns clásicos (una de Jerry Spring, por ejemplo), pero es precisamente este colorido lo que resulta original, con una representación que a veces se acerca más a la pintura que al cómic puro. Y esta representación es bastante atractiva porque siempre es gratificante ver a un autor explorar otro tipo de estilos.

Diría que gustará a todo aquel que se atreva.

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.