Reseña: El Mercenario

Descubrí El Mercenario por primera vez a finales de los 80 en una revista antigua llamada Circus. Una de las tantas publicaciones prohibidas de mi tío a las que no debía acceder debido a mi temprana edad. Pero a mí que por entonces me atraían otras cosas fuera de tíos y tías buenorras con poca ropa, quedé realmente fascinado por el virtuosismo gráfico, la belleza visual de este título, rara vez vista en esa revista, lo que era algo casi nuevo totalmente nuevo para mí.

Y con el tiempo, leí todos los volúmenes.

En nuestro país, este cómic de fantasía heroica apareció por primera vez en la magnífica revista mensual Cimoc. Donde se podía comprobar nuevamente que Segrelles, como ilustrador y acuarelista, prestaba una atención meticulosa al dibujo, realizado con óleos, y a veces descuidaba la trama en base a eso. Lo que provocaba pausas ocasionales en la narración, algunas imprecisiones y diálogos excesivos que intentaban explicar cosas que no se habían dicho antes. Aunque claro, de eso apenas te dabas cuenta a finales de los 80. Tenías bellas imágenes hiperrealistas, como pequeñas pinturas, ilustrando una fórmula clásica de fantasía, rebosante de ideas, en particular la fusión de civilizaciones y mitologías, uno de los aspectos más interesantes de esta serie, sin duda.

En El Mercenario seguimos con deleite a este hombre (sin nombre) mientras cabalga sobre su dragón volador por un mundo atemporal de estrechos valles y montañas repletos de grandes reptiles. De estos valles, envueltos en espesas nubes, emergen ciudades fantásticas y pequeños reinos gobernados por tiranos. Su camino lo lleva a encontrarse con mujeres de una belleza impactante, a veces completamente desnudas (un tema recurrente entre los ilustradores españoles de la época), y se enfrenta a monstruos y hechizos inimaginables… (sí claro, puede parecer un poco simplista para algunos, pero no seamos aguafiestas no tan modernos que, en realidad, no los somos), porque un antiguo misterio rodea las montañas del Himalaya. Allí hay leyendas que fascinan, otras producen temor y estremecimiento, pero también las hay que despiertan lo fantástico. No hay nada escrito, todas han sido transmitidas de boca en boca. El Yeti, el Valle de la Eterna Juventud o el Monasterio de la Sabiduría Universal son algunas de las leyendas que han llegado hasta nosotros. Y existe un mito, tal vez el menos conocido, que evoca un mundo que desapareció sin dejar rastro, un valle escondido cubierto de nubes que vivirá la aventura de un quijote sin nombre, un guerrero conocido simplemente como El Mercenario.

Aquí tenemos un cómic que muchos lectores de hoy en día pueden encontrar algo anticuado al abrir las primeras páginas, a juzgar por su presentación. Sin embargo, no es así en absoluto, ya que el último volumen se publicó en 2004… Y es que El Mercenario es una original mezcla de fantasía y ciencia ficción y se disfruta como tal. Aquí, la magia se sustituye por armas ultrasónicas y naves espaciales y eso a los verdaderos amantes del pulp (que ya solemos tener una edad) nos hace vibrar. Los mismos que estamos encantados porque Norma Editorial ha decidido publicar esta genial obra que en su día contuvo trece volúmenes en tres enormes integrales por primera vez en nuestro idioma, una de las series para adultos más traducidas a nivel internacional y más longevas del cómic español en una cuidada edición enriquecida con numerosos extras, ilustraciones y curiosidades. Sin duda, la edición definitiva de una serie mítica que nadie se debería perder.

Un universo vasto, detallado, intrigante e interesante. La imaginación de Segrelles parece ilimitada donde encontramos todos los elementos característicos de la buena fantasía, una mezcla de Conan, Tolkien, Julio Verne, Thorgal y Flash Gordon… Nos topamos con apuestos y musculosos soldados, jóvenes con poca ropa, dragones voladores, pegasos, sátiros, tritones, platillos voladores e incluso alfombras voladoras… Una combinación sutil y magistral.

¿Un gran ilustrador, Segrelles? ¡Claro que sí! ¿Un gran guionista? Un buen narrador. Pero me vale. De sobra, me vale, con los lienzos que salían de la mano de este señor.

J. J. Castillo nació una fría mañana de invierno en la que el murmullo del viento hizo temer al más valeroso. Enamorado de esa sensación, dedica su tiempo a escribir y leer historias que increpen el alma. En el ámbito de las letras ha ganado premios y ha colaborado con cantidad de editoriales especializadas en los tres grandes géneros.