Reseña: Stray Dogs, de Tony Fleecs, Trish Forstner y Brad Simpson

Stray Dogs no es una bonita pelicula Disney pero bien pudiera serlo, o mejor dicho, parecerlo. Aunque más bien se acercaría a uno de los films de los que hacen ahora Pixar o Dreamworks…, uno de esos con un trasfondo importante para poner en debate ciertos temas de adultos a los que el ser humano tiene que enfrentarse en la vida. Porque Stray Dogs: Perros Callejeros es una novela gráfica perversamente inteligente y encantadoramente desconcertante así como un cálido abrazo o una carta de amor al mejor amigo del hombre. A esas personas desinteresadas que mueren de pena con cada noticia de horror hacia los animales pero también una oda a todos esos que ponen en un altar antes a los perritos que a las personas. Y es cierto, insisto, en que a primera vista, Stray Dogs puede verse como una mezcla entre 101 Dálmatas y All Dogs Go to Heaven (Todos los perros van al cielo), pero a medida que avanza esta historia brillantemente pensada, la adorable obra de arte gráfica que tenemos entre manos, da paso a algo mucho más oscuro e inquietante.

A medida que nos damos cuenta de que no todo está bien en la casa a la que la perrita Sophie acaba de llegar, y dónde sigue sin poder recordar nada de su vida anterior hasta el momento, se ve que no reconoce a ninguno de esos otros perros. Y la sensación constante de que algo terrible ha sucedido no se va. Porque no puede… recordar… ¡Espera! ¿Dónde está su humana? En esencia, Stray Dogs es un thriller bien creado que te mantiene envuelto en un potente suspense hasta el final. Y es que contar más…, sería spoilear a tope. Diría que casi ningún detalle más de los comentados debiera decirse o la narración que os espera perdería un potente impacto sustancial. Sobre todo, ese temor creciente en el que navaga el cómic de forma maravillosa. Basta decir que la llegada de Sophie presagia el desmoronamiento de este paraíso de perros, de modo que cada página eventualmente se convierte en una carrera por burlar algo oscuramente diabólico que les persigue (el entrelineas creado de forma genial por Tony Fleecs).

Tengo que decir que el personaje de Rusty me encantó. El perro fuerte y listo y con carácter que nos hace pensar que el mejor amigo del hombre también puede salir de apuros por su cuenta. Y aunque el nuevo dueño parece el epítome del amable salvador… mmmmm…, me callo, me callo. En cuanto al arte, Stray Dogs: Perros Callejeros es lo que sería en USA una dulce evocación al cómic europeo del que por cierto muchos lectores de cómics de allí no tienen ni idea. Ya sabéis, el egocentrismo norteamericano. En primer orden, una maravilla visual. Todo el cómic estás pensando que estas viendo una peli de la compañias mencionadas o que estás ante viñetas que son capturas de un film de dibujos animados al estilo La Dama y el Vagabundo. Pero es cómic. No existe Stray Dogs en otro formato (por el momento). Es puro arte de Trish Forstner y el colorista Brad Simpson, que capturan a la perfección la alegría y el horror de la pesadilla hasta el final de la historia.

Stray Dogs: Perros Callejeros es simplemente impresionante, desgarradoramente brillante y un cómic inmersivo como pocos. Donde creemos que vamos a encontrar la historia de perros más dulce que se podría desear, estamos ante una trama que capa sobre capa rebosa oscuridad enterrada, sin dejar de lado la máxima que dice que mientras haya esperanza, amistad y amor incondicional, el corazón se romperá, al menos, en menos pedazos. Y así será más fácil de restaurar. Stray Dogs: Perros Callejeros es una de esas historias ingeniosas que combina dos géneros muy diferentes y lo hace tan bien que te preguntas cómo nadie vio antes que los dos podían ir tan bien juntos. Yo mismo me fustigo por ello.

Magnífica de principio a fin. Cómic que ha sido la sorpresa del año en USA y que Norma Editorial ya ha colocado en librerías.

Reseña: Las Mil Caras de Jack el Destripador, de Antonio Segura y José Ortíz

Lo decía el otro día en redes sociales. Menuda recuperación de órdago que se acaba de marcar la cada vez más recomendable editorial Isla de Nabumbu con la publicación/reedición en un genial álbum de tapa dura de Las Mil Caras de Jack el Destripador. La tan alabada obra de Antonio Segura y José Ortiz imposible de tener y gozar en un genial formato como el comentado… hasta ahora. Como bien alega la editorial y su principal representante el amigo Javier Alcázar; libros y tebeos hechos con cariño, cómics que nunca pensaste volver a ver editados con calidad, recuperación de autores olvidados, libros necesarios aunque minoritarios, la esperanza del neopulp hispano… y mucho más. Rescatados muchos, obras indispensables como todo lo publicado de Auraleón…, añadiría yo.

Y ahora un glorioso cómic de Terror con el que babear un poquito ahora que se puede conseguir en librerías y en su web. Las Mil Caras de Jack el Destripador, una colección de historias magníficas. Y es que a uno le da un subidón de narices siempre que puede ponerse con otra colaboración de dos grandes maestros del noveno arte como fueron José Ortiz y Antonio Segura. Y más cuando hablamos de una mini colección de historias de Jack el Destripador con muchas ilustraciones que son dignas de cuadros. Con una premisa que fue más que sorprendente para mí pues, a partir de la locura asesina de Jack, nuestro aterrador protagonista se expande en otros personajes como si los poseyera. Una psicosis común en otros tantos asesinos, que los autores llamaron Jack para hacer a los personajes más «encantadores» si podemos decirlo así.

Todas estas pequeñas historias tienen lugar en Londres durante un período de veinte años. Donde se rememora muy bien ese desconocimiento, ese halo de misterio que siempre debe llevar la sombra de Jack el Destripador consigo mismo. Es entonces cuando Ortiz y Segura nos acercan, nos llevan de la mano, a nuevos crímenes a través de otros rostros, seres perdidos, que pasaron a la historia del delito mediante la fama de este ser abominable que hizo los indescriptible con algunas de sus víctimas…

Jack está súper bien representado. Tiene un aire a Drácula tremendo desde la portada hasta sus escasas apariciones “reales” en viñeta. Tiene aire a ese tipo de persona que hemos visto alguna vez gobernado por las arrugas, casi decrépito, a ese tipo que va de vuelta en la vida y opta por la muerte como diversión. La muerte de los demás, por supuesto. Otra de las muchas cosas que me gustaron del cómic es que presenta una teoría sobre el personaje-mito-realidad que podría sostenerse bastante bien y explicar muchas cosas, en especial, la razón por la que los cuerpos de seguridad nunca lo hemos podido atrapar ni identificar en todos estos años.

Para más inri o para más acercamiento al horror y al acecho que muestran cada una de las historias, los ambientes son oscuros. El nivel de vida social y la miseria están bien representados, los barrios-bajos también y lo mismo ocurre con la mentalidad inglesa que quería que el asesino no fuese inglés, porque eso sería imposible, ¿no? Los piratas estos siempre igual… El hilo de las tramas que siguen son, por supuesto, los diferentes asesinatos cometidos no por uno, sino por varias personas que se hacen llamar Jack y que matan de todas las formas posibles e imaginables, sin que sea necesario abordar esa fama del Destripador, ese rumor tan trillado de que sólo iba a por prostitutas. Aquí, sin sexismo, sin selección, esta esencia del Mal le quita la vida a todo lo que le rodea. El asesino, el destroza-alamas tiene mil caras, mil motivos, mil víctimas. Y entre los guiños gráficos podemos encontrar dos referencias (o yo encontré sólo esas dos) en algunos de los asesinatos narrados donde se puede reconocer a un tipo que viste un abrigo largo gabardinero que diría que se apellida Lee… y otro que, sin duda, tiene toda la pinta de Boris Karloff en La sombra de Frankenstein.

¿Lectura en blanco y negro? No es la primera vez que digo que ciertos dibujos o mejor dicho ilustradores se magnifican con el uso del b/n. Y sé que a cierto tipo de gente no le gusta, que si es antiguo, que si los ojos sufren, los modernitos que detestan las cosas sin antes probar. Lo diré una y mil veces: dependerá del trazo, del dibujante y su don. A lo quisquilloso que sea, sobre todo, el ilustrador con los detalles. Si lo maneja a la perfección, el dibujo se encumbrará, cuando lo normal es que en blanco y negro pierda. Ahí está la magnífica labor de José Ortíz, su don, capaz de hacer maravillas de este tipo como hizo con su gran obra Hombre.

Grandes historias cortas de las que al terminar quieres más. Una más. Y otra. Otra más, camarero, por favor. ¡Qué no me voy todavía! Patatas fritas con ketchup, tinto de verano, el horror más puramente logrado por dos de los grandes maestros comiqueros de la historia de nuestro país.

Reseña: Los Escorpiones del Desierto, de Hugo Pratt

Otras de las joyitas comiqueras que se han podido encontrar en el Salón del Cómic de Barcelona de este año y que ya está disponible en librerias especializadas, ha sido el tomo integral y recopilatorio de Los Escorpiones del Desierto, de Hugo Pratt. Sí, del maestro italiano, que obviamente también realizó otras obritas y muy chulas fuera del eterno Corto Maltés. Ayer me puse con este terrible cómic bélico y hace un rato mismo lo terminé casi sin respirar. Me pregunto por qué esta obra era casi desconocida para mí, porqué me pasó casi desapercibida en su día. Y sé que estaba jugando con fuego, porque uno ya sabe como es el ser humano por lo general cuando vienes de leer tremendos cómics de un autor y lo normal es que todo lo que no sea eso, parezca de muy inferior calidad. Pues en principio os diré que Los Escorpiones del Desierto es uno de los cómics más preciosista que he tenido la suerte de leer. Esta sería la segunda creación de Hugo Pratt que leo después del increíble Ernie Pike Integral que también se marcó Norma Editorial; obra a la que por cierto recurro cuando necesito inspiración de buenas historias bélicas. Por lo que declaro que Los Escorpiones del Desierto se suma a esa mini colección-de-inspiración.

Pratt consiguió llevarme de viaje por el desierto de Libia, entre soldados y mercenarios británicos, italianos y africanos, mientras captaba de una manera muy realista todo el duro y cínico escenario de una guerra sucia (no es que haya guerra pura, pero se habla bastante de ello), así como unos paisajes muy especiales, llenos de una belleza tan simple como salvaje. Como en definitiva es el entorno desértico. También conocí a personajes muy interesantes, y me encontré con escenas de acción y escenas «exóticas», y se me ocurrió una idea para la parte específica de la II Guerra Mundial en África, una parte relativamente desconocida para muchos lectores que no ahondan mucho más allá. Y bueno, no hace falta decir que la atmósfera es increíble y el cómic volverá locos a los fanáticos de las aventuras de guerra clásicas pues casi que se respira arena y polvo. ¡Y qué placer encontrarme con Cush! Para los que hayan disfrutado de los titulos de Corto Maltés, este guiño les gustará. Si Koinsky es menos idealista y más pragmático que Corto, no es menos enigmático. Sobre todo, porque las lagunas de estas áreas de conflictos están muy bien trasladadas por Pratt. Las opciones de alianza de los pueblos, la diplomacia de las alianzas temporales, el desfase entre una situación sobre el terreno y un estado oficial percibido como tal por los que deciden… todo ello está admirablemente representado en este cómic. Asi como las corrientes y cualquier tipo de guerrilla posible en esta región del África, un lugar en el que un día podemos ser aliados y otro enemigos.

Aquí los hombres son los juguetes de una guerra. Pura realidad. Es inquietante, seguimos las aventuras del grupo, las traiciones, nacen las amistades, también vemos los sueños detrás de cada individuo; el que haya estado alguna vez vinculado al ejército lo disfrutará a tope. Varios personajes resultarán muy cautivadores a lo largo de la historia, además de Koinsky, que sigue siendo escurridizo, nos tocará La Motte, soldado francés, la comandante Fanfulla y por supuesto Cush, a quien disfrutaremos y donde incluso nos darán más info sobre él que la que se aporta en Corto Maltés. Un tío más violento que Corto, Koinsky juega con la muerte de los demás cuando Corto únicamente es capaz de jugar con la suya. Sobre todo, los álbumes uno, dos y cinco (y para mi el cuarto, en especial), son joyas del noveno arte.

Esta larga serie de relatos (en años) comenzó en 1969 en la revista Sergent Kirk (creada para dar cabida a los cómics de Pratt, incluido, por supuesto, Corto Maltés). Luego continuó en otras revistas italianas como Linus y Corto. Concluyó en 1992 y ahora la tenemos para nuestro deleite en una bonita edición integral prologada por el guionista Felipe Hernández Cava. Una obra que aporta una psicología muy interesante.

Reseña: Marvel 1602. Edición Grimorio, de Neil Gaiman, Andy Kubert y Richard Isanove

Edición joyita que ya se puede adquirir en el Salón del Cómic, tomo maravilloso que en breve ve la luz en librerías en formato cómic integral, edición de lujo maravillosa allá por donde la mires y edición en formato grimorio de lujo y (para colmo) limitada. Esa es la edición de Marvel 1602 que hoy domingo os reseño. Serie tremenda de arco completo, novela gráfica fantástica, en general, casi doscientas cincuenta páginas para perderte en ellas cual serie de televisión.

Marvel 1602 es uno de esos cómics que aparece con bastante frecuencia en las listas de «Lo Mejor De…». Y está claro que sí; escrita por Neil Gaiman (el maestro escritor inglés colmado de premios y una buena cantidad de elogios por parte de la crítica), en mi caso, una historia que disfruté en su día en inglés pero siempre quise volver a ella alguna vez y de forma cautelosa, optimista, porque sabía a lo que iba. Sobre todo, a poder ser, en una buena edición. Y oye, sueño cumplido, nunca imaginé disfrutarlo de un modo así. Marvel 1602 tiene una premisa tan interesante que absorbe desde la primera página.

Una obra de Neil Gaiman (guionista-autor), Andy Kubert (Ilustrador), Richard Isanove (ilustrador digital) que combina la acción y las aventuras clásicas de Marvel con el escenario históricamente preciso del reinado de Isabel para crear una serie única como ninguna otra publicada antes en la Casa de las Ideas. Gaiman eligió una alineación interesante para determinar una lista aparentemente interminable de héroes y villanos de Marvel, para seleccionar un elenco de personajes que gustará ver en este plano temporal. Caras familiares aparecen en casi todas las viñetas. Sus rasgos distintivos se modifican para adaptarse al período de tiempo y al entorno, mezclándose con el trasfondo histórico casi a la perfección en la mayoría de los casos. Si bien jugar a «detectar al personaje» puede ser divertido para el fan de Marvel bastante versado (y, sin duda, es uno de los encantos de este cómic), algunos personajes son inmediatamente reconocibles debido al diseño que traen. Pero otros, os lo aseguro, os costará identificarlos, en especial, por su papel poco característico en la trama. Y, en algunos casos, sus nombres cambiados.

Se dijo en su dia y lo recuerdo ahora, que el ritmo de este cómic fue un problema para algunos lectores de cómics de superhéroes. Diré lo mismo que en aquella web en la que escribía entonces: «…creo que Gaiman lo hace intencionadamente en homenaje al ritmo típico y habitual de una novela histórica». Y el que sea lector de ellas, lo sabrá. La prosa de Gaiman emite esa naturalidad lenta y con no mucha acción (fuera de las batallas) que rememoran la tramas históricas donde brilla más el contexto y la evasión del entorno al pasado tácito, por encima de escenas trepidantes e intensas (fuera de las conversaciones verbales). Los primeros capítulos de 1602 te arrastran a través de la construcción del mundo y las introducciones de personajes, jugando más como un «quién es quién» que con una historia real. Es de esas historias que leídas como números individuales, pudo tender a la sosez y al desvarío argumental que provoca que mucha gente piense mal de lo que tiene entre manos. Por eso la importancia de ser -porque lo es- una novela gráfica/histórica en su complejidad. Y es que Marvel 1602 cobra fuerza a partir del tercer número…, encuentra un ritmo importante después de la introducción y aparición (adecuadamente dramática) de Doom. Principalmente por que (como siempre) Doom hace lo que Doom quiere hacer. Un primer momentazo bien elaborado y teatral de mi megalómano favorito.

Por otro lado, a destacar un personaje creado por Gaiman que brilla entre tanta celebridad. Recuerdo que cuando lo vi por primera vez pensé: «Será mejor que alguien empiece a explicarme por qué hay un nativo norteamericano blanco en esta historia, y rápido». Ese personaje es Rojhaz, guardaespaldas de Virginia Dare, que ha venido a Inglaterra como embajadora del Nuevo Mundo, y en busca de audiencia con la reina. Rojhaz es un personaje que por lo que sé, no gustó a cierta parte del público en su día. Pero a mi me encanta durante la mayor parte de la historia. Y cuando finalmente llega la gran revelación sobre quién es… Uff, momentazo. Quise abofetearme por no darme cuenta antes. Y por llegar tarde a un giro de trama que dejará en evidencia a la inteligencia de más de uno/a.

Por si no lo habéis pillado aún, para con el tema histórico, en Marvel 1602 acudiremos al glorioso tema de los viajes en el tiempo y quizás por ser un fan eterno de este tipo de historias, sumando superhéroes Marvel y un fiel seguidor (y aprendiz) de la prosa de Gaiman; decir que Marvel 1602 me ha maravillado una vez más. De hecho, es la que siempre recomiendo cuando alguien me pregunta por una buena historia de viajes en el tiempo dentro del Universo Marvel. Entonces: ¿Qué hubiera ocurrido si las grandes criaturas que pueblan el Universo Marvel, desde Los 4 Fantásticos a La Patrulla-X, desde el Doctor Extraño a Hulk, desde Spiderman a Nick Furia, hubieran irrumpido en el siglo XVII, en lugar de hacerlo en el siglo XX?

Neil Gaiman, el genial creador de The Sandman, tiene la respuesta, en un imprescindible cómic dibujado por el equipo artístico de Lobezno: Origen, Andy Kubert y Richard Isanove. Un volumen de lujo que además contiene todas las secuelas de la miniserie original, protagonizadas por los pioneros del Nuevo Mundo, Spiderman y Los 4 Fantásticos.

Creo que es el único tomo de cómic de la historia, que únicamente con letras en la portada, se recomienda solo.

Reseña: Chartwell Manor, de Glenn Head

Chartwell Manor es una novela gráfica recientemente publicada por Ediciones La Cúpula. Una buena obra del veterano caricaturista de cómic independiente, el señor Glenn Head. Si bien es intrínsecamente inquietante, el cómic detalla un internado cuyo director fue culpable de abuso sexual y emocional de niños, siendo el propio Head una víctima. Pero por encima de eso, también es una obra maestra de cómo hacer un cómic autobiográfico. Un trabajo asombroso y honesto en el que un gran talento procesa sus recuerdos más difíciles para llevarnos junto con él al patetismo abrasador donde muchas veces se encuentra el ser humano.

Lo peor del ser humano.

Chartwell Manor abarca la mayor parte de la vida de Head, utilizando una estructura bifurcada en la que la primera mitad se centra en el trauma infantil, mientras que la segunda detalla las consecuencias, no solo para Head, sino también para otras víctimas de aquella siniestra escuela. Y hay una cualidad en esta historia que afina la gravedad de los eventos de manera sorprendente pues la trama está muy bien narrada; esencialmente, la narrativa es tan clara y está tan bien hecha que el lector tendrá la sensación de que algún amigo o amiga le está contando esta… tragedia.

Y como resultado Chartwell Manor es tan compulsivamente legible como difícil de procesar. Una inquietud constante lectora por las decisiones en la narración. El trauma detallado en la primera mitad involucra los dos años que Head pasó de niño en Chartwell Manor, un internado ahora desaparecido de Nueva Jersey, frecuentado por la progenie de la riqueza de la costa este. Como material promocional para las notas del libro, este es un trauma que Head tardó casi cincuenta años en procesar/asumir/decidir contar. Y la forma en que se representan los eventos es la forma maravillosa en el que está elaborado el cómic donde esplende el contexto de poder mirar hacia atrás a través de una larga vida adulta. El abuso ocurrió en los años 70, fue expuesto y el victimario fue sentenciado por sus crimenes. Pero ya sabemos que las víctimas de abusos rara vez consiguen dar un caso asi como cerrado. Te hundieron para toda la vida.

Glenn Head sabe todo esto, sabe cómo se sintió mientras sucedía todo, y sabe cómo repercutió en la vida de muchos incluido él. Dicho esto, el abuso sexual y emocional sufrido por Head y otros es impactante en esta lectura por la sencillez (¿naturalidad?) con la que se explica la historia. Se entrega de una manera clara y casi separada. Como señala Head en la introducción: “Mi objetivo al completar esta novela gráfica era ser lo más sincero posible. No hay ningún intento de hacer que ninguno de los personajes, especialmente yo mismo, sea simpático. En consecuencia, no hubo ningún intento de hacer quedar mal a nadie. Simplemente, describir mi vida tal como sucedió y lo que es más importante, cómo me sentí”.

El cómic concretamente logra esto. Y con momentos muy potentes ilustrados como la descripción fundamentada de lo que ocurrió hasta los segmentos en los que Head abusa de sustancias alucinógenas. Hay una escena donde se muestra a Head inmerso en la adición sexual en la ciudad de Nueva York, otro que muestra la explosión de sus habilidades como dibujante alternativo… y toda una serie de horrores y momentos de lucidez del autor para con su don.

Chartwell Manor es, en pocas palabras, una obra magna, una de las mejores memorias gráficas de todos los tiempos.

No hay más palabras, señoría.

Reseña: UltraMega. Lucha por la Humanidad, de James Harren y Dave Stewart

Soy capaz de acercame a un cómic solo por el color. O por el colorista, en cuestión. A ese nivel friki llega uno cuando ama el mundo del cómic en casi todos sus conceptos. El galardonado colorista con un premio Eisner, Dave Stewart, también hace sus pinitos fuera de las grandes casas y dentro de Image y su línea Skybound es partícipe (dándole un tremendo empujón visual) a UltraMega; la obra ideada, guionizada y dibujada por James Harren. Un autor a tener muy en cuenta por mi parte a partir de ahora. Y es que bueno, en definitiva, y aparte del tema artístico, este que está aquí (en su polifrikismo) siempre se va a sentir atraído por el mundo de los kaijus. Esos grandes monstruos ideados por los japos en los que se dan de ostias a lo grande y que trajo a la actualidad fílmica Guillermo del Toro en su genial Pacific Rim.

La lucha por la humanidad.

Según cuenta la sinopsis se ha extendido una plaga cósmica que ha transformado a la gente de a pie en unos violentos y monstruosos kaiju. Ahora, solo los Ultramegas (individuos dotados de poderes increíbles) quedan para intentar sostener tanta locura. Batallas que si no se evitan, terminan dejando ciudades enteras arrasadas e incontables horrores y muertes a su paso. En fin… De todas las preguntas que han llenado mi cabeza últimamente, la que aparece una y otra vez cuando recapacito sobre nosotros es: ¿A dónde está yendo la humanidad? Pandemias globales, violencia ideológica y la aparición de la Rana Gustavo en Adivina Quién Canta (The Masked Singer). Todos estos temas han sido golpes duros para nuestra sociedad. Problemas y locuras de pensamiento visionado que nunca pensamos que tendríamos que lidiar en nuestras vidas. Personas que conozco (a veces, incluido yo mismo), se preguntan cuándo podremos volver a la normalidad. Y cuanto más reflexiono sobre esa idea, más me doy cuenta de que no hay vuelta atrás. Gracias a las leyes abstractas de mierda del espacio-tiempo, solo podemos avanzar. Y entonces, en lugar de tratar de averiguar cómo podemos regresar, preferiría que nos tomemos tiempo en preguntarnos (como decía mi abuela): ¡A dónde vamos a llegar!

Coñas aparte, UltraMega nos hace una pregunta similar. En un mundo donde un extraño virus venido del espacio se extiende por nuestro planeta y convierte a las personas en monstruos gigantes, y otro tipo de personas son bendecidas (o malditas, según se mire) y van a ser nuestra última oportunidad para sobrevivir a ese virus… Gusta ver que los que nos defenderán son seres de raciocinio muy parecidos al Dr. Manhattan y al desarrollo de su poder. Decidme entonces si no mola imaginarse como uno de ellos. ¿Es así, no? Siempre pensamos que en un ataque-zombie seríamos uno de los supervivientes, ¿no? Ay, díos mío…

James Harren dedica tanto tiempo a darnos secuencias de acción espantosas como a contarnos la historia de hombres destrozados que son «demasiado viejos para esta mierda». Y eso me ha encantado. Me ha tocado el alma. Así que no cuento más. En un extraño acto de equilibrio entre humor, gore, shock y horror. La miniserie UltraMega que acaba de publicar ECC Ediciones en un tomito en tapa dura -que recoge cuatro numeritos, ya en enero, es para mí una de las sorpresas comiqueras del año. Cada personaje de esta serie tiene algo en juego por lo que vale la pena luchar. Pero todos quieren que las cosas vuelvan a la normalidad. Anhelan cuando el mundo era fácil y no tenían que sacrificar sus vidas en nombre de ningún puto nadie… Todos desearían poder vivir una vida sin miedo y sin pánico constante. La normalidad anhelada, esa que tanto valoramos cuando no está.

Cómic independiente de sobresaliente.