Reseña: GOOMER (Edición Integral), de Nacho y Ricardo

Cuando tuve el cajote en mis manos por primera vez entonces fui consciente del sueño cumplido. Aparte de mega-integrales de cómics de ROM, de Astro City, Zarpa de Acero, Concrete… y otros muchos que espero, deseo y alento cada no mucho a las editoriales para que los publiquen; uno de los de ese podium de deseos… era, sin duda, tener la colección completa algún día de un eterno cómic, una serie que marcó mi juventud como fue Goomer. Cuando me enteré que se publicaba fue de esas cosas que uno piensa que nunca van a pasar y cuando pasan, casi crees que está viviendo un sueño. ¿Sentirá lo mismo al que le toca la lotería por fin después de tantos años imaginándolo? Debe ser una sensación parecida.

Joya, tesorito, Integral del Año, edición eterna, maravilla del cómic publicada, sueño Cumplido, Norma Editorial petándolo de nuevo con la edición de un cómic tan esperado… Así lo definí en redes sociales. Y es que siempre digo lo mismo. Viva la Ciencia Ficción cuando se brinda por el humor. Las pocas historias que tengo publicadas de Ciencia Ficción siempre fueron sazonadas con humor. Me salieron de dentro asi y quizás sea porque para mí es la mezcla perfecta de géneros. Y Goomer es eso en esencia. Y no solo magnifíco esta idea yo. Son muchos los autores y artistas que a lo largo de su carrera han optado por ello y les salió bien. Insisto, no solo lo digo yo. El Prólogo que aparece en el primer tochal de dos de esta edición calentita que vio la luz el pasado Salón del Cómic de Barcelona y ya está en librerías, viene escrito por un friki de cuidado. Pero también uno de los grandes actores, directores y guionistas de este país. El amigo Santiago Segura «habla el avangelio”, en dos paginítas y dice cosas que me tocaron el alma porque describen perfectamente a como me siento con esta publicación entre manos. Dos cositas en concreto. Una es que, si esperáis un reseñador (prologuista) ideal que se fan de esta obra, ese soy yo. Pero si se necesita un reseñador (prologuista) crítico, sesudo y experto en trasfondos gafapastas con ella, buscad en otro lugar. Y dos. “Cuando supe que por fin podría tener TODAS las aventuras de Goomer reunidas en una sola colección, di literalmente, saltos de alegría”.

Los vellos de punta.

En fin. ¿Qué o quién es Goomer para quién (oh dios) no lo conozca? Goomer fue una serie de historietas de humor creada a finales de los benditos años 80 por el guionista NACHO Moreno y el dibujante RICARDO Martínez para El Pequeño País (una revista infantil que acompañó al suplemento dominical del periódico El País entre 1981 y 2009). Tuvo tal éxito que fueron muchos los padres y abuelos que compraban el diario el fin de semana sí o sí porque tenían detrás a hijos o a nietos esperando con ansia esta publicación. Y hablo de abuelos-nietos porque me consta que no sólo fue mi caso. Pero lo más curioso-chulo y a la vez casi indignante es que cada publicación era únicamente una página, un gag, un chiste ultra-corto que rara vez tenía más de una sola carilla. Hecho que fomentaba el ansia por conseguirlo todo-todito-todo del personaje y leerlo más de una vez. Y llegaron entonces recortes, encuadernaciones particulares…, pero no mucho después aparecieron más historias en otras revistas y fue adaptada a película de animación e incluso llegué a verlo no hace mucho en serie web. Pero no es lo mismo. Lo que sí que triunfaron fueron los álbumes al estilo cómic europeo que publicó en su día Ediciones B. Recuerdo a un amigo que apenas salía con nosotros porque guardaba la paga para comprarlos…

Goomer narra las aventuras de un astronauta terrestre que se adapta a vivir en un planeta lejano habitado por una civilización inteligente. En la historieta se dan a conocer diferentes tipos de sociedades, personajes escalofriantes y formas de vida desconocidas, pero a veces de una gran inocencia comparadas con el «terrorífico» habitante procedente de la Tierra. Son chistes, son gags “a lo periódico”, con un transportista espacial que se convierte en inmigrante casi no deseado en un planeta alienígena de una galaxia muy muy lejana. Calvo, perezoso y de pocas luces, Goomer encaja en ese entorno como un guante, comportándose como un Han Solo de pacotilla, sin nave, princesa ni gloria. Un antihéroe que nos representa porque es como somos, no como nos gustaría ser… Pero el caso es que por fin Goomer, el mítico aventurero espacial, perezoso y caradura puede estar en vuestras cómictecas de forma completa con todas sus historietas publicadas en una edición integral. Un cofre-caja contenedora de dos tochales que incluyen las mil doscientas treinta páginas publicadas en diferentes revistas semanales, además de numerosos extras. Una ocasión inmejorable para que las divertidas peripecias de Goomer conquisten a nuevos lectores con su humor atemporal para todas las edades.

Los magnificos guiones de NACHO le perseguirán siempre allá donde esté. Nacho Moreno fue guionista de cómics, viñetista político, escritor, editor, cocinero y restaurador español con esa gracia de la mezcla explosiva que puede salir de alguien nacido en el País Vasco y llevarse decenas de años viviendo en Cádiz. Fue creador también de Mot junto al gran Azpiri. Otra obra que espero Norma Editorial rescate, ¡pliiiiiiiiiiiiisssssssssssssssss! El maestro guionista nos dejó en 2021 víctima de una horrorosa enfermedad.

Por otro lado, pero no muy lejos, RICARDO (Ricardo Martínez – Santiago de Chile (1956)) sigue dando guerra aún como ilustrador editorial y humorista gráfico en nuestro país.

¿Qué más decir entonces? OBRA INDISPENSABLE. Nadie -y digo nadie- debería perderse esta oportunidad. Con una muy chula lámina en su interior.

A las pruebas me remito.

Reseña: Density, de Lewis Trondheim, Stan & Vince y Walter

¿Cómic a la francesa con mi querido Lewis Trondheim en el guión? Vamos, por todos los dioses, quién se niega a eso. Lo que sea de este hombre y pronto. Y es que tras mis adorados cómics de Infinity 8 quién demonios no quiere leer más cositas de este autor en el que tiene puesto también el punto de mira Nuevo Nueve Editores.

¿Y con el dueto de ilustradores Stan & Vince que sólo aportan a este primer volumen de Density grandes dibujos de humor y frescura? Sólo dice… Espera, espera y verás.

¿La premisa? Ahora mismo, friends. Un grupo de amigos se va de viaje por USA pues uno de ellos tiene la intención de participar en un congreso sobre ovnis (de los que está convencido de su existencia). Pero cuando recorren el famoso desierto del norte del país tienen cierto contacto con un extraterrestre que no hace otra cosa que (por error) transmitirle a Chloe (en lugar de a Gilles, su hermano, y aficionado al tema UFO), un súper poder en el que puede modificar la densidad de su cuerpo. ¿A partir de ahí? Toda una serie de aventuras para poder dominar esta extraña habilidad que en un principio parece no ser virtud alguna.

Hasta que detectan que con ello podrían salvar a todo la raza humana.

Density es de esos cómics que no esperas que te lo hagan pasar tan bien. Bastante bien llevado, muy entretenido y, a menudo, con situaciones y diálogos que te sacarán una sonrisa (mínimo, si eres duro como yo para ello). Pero te lo hace pasar de lo lindo. Disfrutable, es decir poco. Toda situación es bastante fresca aquí. Insisto en eso: frescura, es lo que define esta serie. Por que sí friends, Density es una serie de volúmenes publicada al otro lado de los Pirineos que me consta que llega hasta el tercer tomo. Pero un cómic que se siente actual y contemporáneo (¿es lo mismo?) gracias al diseño del tandem Stan & Vince. E incluso si os pasa como a mí que al principio era un poco escéptico sobre la representación del extraterrestre en cuestión, terminas por sentirte atrapado dentro de la trama general en muy poco tiempo y gusta lo que se llega a ver. Y eso que la curiosidad por saber a dónde llevará todo esto, me tiene el pulso a mil…

Una serie que no se toma en serio a sí misma y que goza de ritmo, vitalidad y un dibujo afinado. Pocas cosas más se le pueden pedir a un cómic, ¿no?

Diversión.

Reseña: Melvin Monster, de John Stanley

En su constante publicar de joyitas de cómic de Terror, Diábolo Ediciones trae a nuestro país una joyita del pasado como es Melvin Monster. Humor y horror, esa mezcla que si está bien hecha es puro flipe por las sensaciones que deja. Como he leído por ahí: Melvin Monster es un puntazo de buena fe. El tipo de cómic que parece destinado a niños pero que disfruta, por encima de todo, el adulto. Y añado yo:  por encima de este, el fan, el friki, el amante del buen cómic clásico que algunos llevamos dentro. Saca a la luz el niño que está en nuestro interior, ese que si le ayudas y le das «comida», nunca se va. Recordad friends, que nunca debéis dejar ir la juventud, el saber difrutar de todo, es bien. Si maduras, te pudres. Eso no lo olviden nunca. Adultos que disfrutan de sus gustos sin un ápice de vergüenza o incomodidad. Melvin Monster es disfrute y al que no le guste que no mire, como decía la canción.

Volviendo al sendero reseñil, lo que es interesante para mí es cuán frenéticas y maníacas son estas historias. Especialmente, en comparación con los cómics por los que Stanley es más conocido. ¿Qué no le conocéis? Si hombre si, John Stanley (1914-1993) fue un dibujante y escritor de historietas estadounidense que llegó a ser mundialmente conocido por ser autor de La Pequeña Lulú entre 1945 y 1959. Aunque algunos viejóvenes de por aquí conocimos la serie animada en TV en los años 80. Si bien era conocido por escribir guiones, Stanley también dibujó muchas de sus historias, incluidos los primeros números de Little Lulu y su serie derivada Tubby. Su especialidad eran los relatos humorísticos, tanto con personajes licenciados como de creación propia. Fue definido por grandes críticos como «el dibujante más consistentemente divertido». El maestro C. C. Beck (co-creador de Capitán Marvel) comentó en su día: «Los únicos libros de historietas que disfruté de pequeño venían de la mano de Stanley. La pequeña Lulú y el Pato Donald».

Melvin Monster es para mí esa joyita que uno descubre de un autor famoso por otra serie. Una que parecía reservada para mí. Si bien estas viñetas clásicas son igualmente divertidas, proporcionan una sensación un poco más estructurada que lo que uno podía encontrar en La pequeña Lulú. Se gasta la misma cantidad de tiempo en la preparación que en la entrega del cebo pues aquí Stanley simplemente apila ideas una sobre otra que son maravillosas para desplegar desde ahí a otros «senderos». Refleja las mismas sensaciones que tenía de pequeño cuando leía las revistas MAD. Un cúmulo de ideas por desarrollar -café, cacao o azafrán-, las especias más preciadas en esencia. Y una tras otra. Una tras otra. Donde esplenden además las virtudes del personaje (el pequeño monstruo solo quiere ser amable, horrorizando a sus padres, y a la comunidad de monstruos en general) lo que conduce a capítulos llenos de inspiración que si en principio pueden parecer ridiculos, al poco, te ves inmiscuido en el proceso de cambio y quedas atrapado/a y maravillado/a para siempre. Os lo aseguro. Y siempre que améis el Terror en todas sus formas, por supuesto. Como cuando Melvin sin darse cuenta hace saltar por los aires a su propio colegio, para alegría de mamá. Pero el talento y el sentido de la oportunidad de Stanley hacen que todo parezca fresco y atractivo. ¿Estamos hablando del tipo de historias en la que el monstruo hace cosas malas porque lo malo es acto ejemplar para ellos, justo al contrario que para los humanos? Sí, es ese tipo de historias que tanto han promovido actualmente pelis como Hotel Transilvania. Esa es la idea. Pero aquí estamos ante la fuente de esa idea. Y es maravilloso poder tener estas viñetas, este tomo recopilatorio en mano.

Por poner alguna pega, mi única queja es la falta de información de fondo o introducción. El diseño de este volumen es encantador y aprecié mucho la decisión de darle a la reproducción un aspecto amarillento, como si estuvieras leyendo cómics antiguos originales. Pero me frustró que no proporcionaran (a mí y, sobre todo, al lector que llega de nuevas y es flojete para investigar) más información, por minúscula que fuera, sobre los orígenes de la serie. Únicamente se añadde una breve bibliografía de Stanley al final. Pero esto pasa porque Diábolo Ediciones nos tiene muy mal acostumbrados. Siempre nos mete en sus volúmenes información a cascoporro que es muy agradecida de tener, leer y conservar. Cada tomo-joyita normalmente viene repleto de información. Pero a lo que vamos. Amigos amantes del buen cómic, no os lo perdáis. Un brindis al Terror mezclado con humor.

Reseña: Raowl. La Bella y el Feo, de Tébo

Incitado por las opiniones y por mi último afán semanal de leer fantasía heróica e historias de mazmorreos y súper calabozos, llegué a Raowl ya con la sonrisa puesta. Descubrí esta serie de la que no sabía nada de la mano de Nuevo Nueve Editores. Y la he disfrutado a más no poder. Mi devoción por las parodias de la Fantasía o de cuentos medievales a lo: la bella princesita, príncipe azul y el Monstruo… Las disfruto mogollón. Quizás la culpa de esto la tiene Groo, El Errante, del maestro Sergio Aragonés, mi personaje de cómic favorito. Donde se cuentan historias alternativas tan disfrutables como me he encontrado en Raowl: La Bella y el Feo. Y donde se brinda por el humor por encima de todo. Un humor que gusta, que entra bien y nunca se vuelve ridículo. Un estilo fresco y dinámico, lectura fluida y agradable con buenos detalles en las páginas dobles, un humor bastante fino (sin caca, ni pis) y, sobre todo, una buena idea básica para desviar las situaciones de los cuentos de príncipes y princesas.

Los cómics como Raowl: La Bella y el Feo se basan en su atractivo gráfico de carácter público en general. Un niño la disfrutará al igual que un adulto, te dice la porta, pero realmente es así. Incluso un adolescente de esos que tantas pegas ponen a todo…, en dos páginas ya habrá caído. Raowl es, en realidad, una serie que vio luz en la famosa revista de cómic europeo Spirou. Allí comenzó una serie que ahora se recopila en dos sendos álbumes de los que ya disponemos en nuestro país del primero. Una trama bajo el sello de la Fantasía humorística esa que tanto nos gusta. Agita los códigos para apropiarse de ellos y ofrece clichés desde un punto de vista “lógico”. La historia es simple, pero la inventiva del autor la distingue. Juega con un resorte narrativo anticuado que funciona de maravilla: Raowl tiene la posibilidad de cambiar de rostro y persona con un estornudo. Por lo tanto, de un mezquino fuerte y grotesco, se convierte en un mozuelo guapo, limpio y jubiloso. Y viceversa. Evidentemente, no controla estos cambios y con ese toque de humor vamos p´alante.

El dúo rarúno formado por Raowl y la chica en busca de su príncipe azul funciona de maravilla. Y sí, hay un poco de gore sobre los espadazos a enemigos, pero afortunadamente la historia no se basa sólo en esos elementos. El humor es alocado y fino. Me gusta imaginar que Raowl, Salvador de Princesas y Exterminador de Dragones Apestosos, realmente existió de una forma u otra y que Tébo solo es el narrador de sus historias. Porque encontré en este cómic mucho más de lo que esperaba. Casi parece un volumen de Donjon Parade; otra loca fantasía heroica que no se toma nada en serio el género y juega con las pautas que todos los autores de la Espada y Brujería parecen seguir. Aquí, el héroe es un gran bruto, invencible en combate, que solo tiene dos debilidades: es persona sensible al que le gustaría mucho que una princesa aceptara besarlo, y luego, el tema del estornudo.

Gracioso, impactante y contundente.

Como me han llegado a definir a mí en mis años mozos… Uff, jajaj.

Tébo, cuyo nombre real es Frédéric Thébault, es uno de los guionistas e ilustradores viejóvenes del momento. Jean-Claude Camano (director de colección en la Glénat del otro lado de los Pirineos) lo descubrió durante el Festival de Sierre en Suiza, en 1997, donde Tébo participó en el concurso de cómics. A partir de ahí, Tébo se une a revistas comiqueras de renombre, crea a sus famosos personajes Samson & Neon, Zep une fuerzas con él para dar vida a la historieta humorística de superhéroes el Capitán Bíceps…, pasan los años y este autor va creando jugosas obras y le llegan los premios. Su poder está en crear cómics de lindas historias, con dibujos muy coloridos llenos de dinamismo. Personajes que por muy feos que sean, son entrañables. Cómics como Raowl: La Bella y el Feo que son disfrutables por toda la familia.

Me gusta Tébo, su universo, su forma desinhibida de abordar los cómics, su línea simple y su garra. Me gusta Raowl y quiero más.